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La crisis de Corea del Norte ¿Regreso a la Diplomacia de las Cañoneras?

Publicado por en en Opinión
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galeria corea del norte cnn 42

 

 

Por Dr. Jorge Alejandro Suárez Saponaro

Este año sin ninguna duda se ha caracterizado por la presencia de una serie de conflictos, con proyección global. Entre ellos la crisis de Corea del Norte, en atención a la apuesta del régimen de Kim Jong un, el Supremo Líder,[1] de potenciar las capacidades en materia nuclear, con nuevos desarrollos y lanzamientos de vectores, ahora con capacidad intercontinental, dado que el último desarrollo el Taepodong 2 alcanza los 8.000 km. Alcance suficiente para llegar las costas del oeste de Estados Unidos, como también los estados de Hawai, Alaska o el territorio estadounidense de Guam (importante base militar de alto valor estratégico desde la II Guerra Mundial)  Los lanzamientos de estos misiles, en aguas cercanas a Japón y las escalada verbal entre los gobiernos de Corea del Norte y el “tempestuoso” Donald Trump han puesto al mundo en vilo. Especialmente cuando este último en las Naciones Unidas habló directamente de destruir Corea del Norte si consideraba en los Estados Unidos se encontraban amenazados.  En la revista española Estudios de Política Exterior, Jorge Tamames explica el fenómeno Trump de la siguiente manera: “Una de las ideas-fuerza de Donald Trump era la promesa electoral, relativamente popular en Estados Unidos, de que gestionaría el gobierno americano “como una empresa”. Y no cualquier empresa. El magnate inmobiliario y estrella televisiva llevaba décadas cultivando una reputación de duro: un tipo que negocia a cara de perro con tal de hacer dinero donde otros fracasan. Ganar, ganar y ganar.”  Este concepto Trump ha intentado o intenta trasladarlo a la arena política internacional, con resultados más bien dispares, por no decir negativos.  Esto se observa en la crisis coreana, donde la Casa Blanca se maneja con poco tacto tanto con Pekín como con Moscú, actores relevantes para controlar el régimen de Kim. A tal punto que Corea del Sur consideró barajar la posibilidad de negociar con los chinos y buscar algún mecanismo de contención de su vecino norteño.

La situación política en Corea del Sur, es complicada.  La caída de la presidenta conservadora Park Geun-hye – ocurrida el 10 de marzo – por abuso de autoridad y corrupción, ponen a Seúl en un estado de vulnerabilidad, especialmente con un aliado complicado como es Mr Trump. Entre los favoritos a la presidencia encontramos al liberal Moon Jae-in, pareciera que no tiene intención de tensar la situación con Corea del Norte. El candidato liberal es abogado en materia de derechos humanos y fue preso político durante la dictadura del general Park Chung-hee (padre de la expresidenta), y anunció que si llega a la jefatura del Estado, su primera visita al exterior, seria Corea del Norte y no Estados Unidos. Su mensaje es de distensión y recuperar la cooperación económica perdida con el Norte con la llegada de Kim Jong un.  El objetivo contener al norte de alguna manera, luego de observar que los ejercicios militares de Pyongyang son un ensayo de una ofensiva a gran escala para destruir infraestructura crítica del vecino.

Japón es otro actor relevante en esta crisis, vale la pena destacar que importantes bases de Estados Unidos se encuentran en dicho país, lo que incrementa el grado de vulnerabilidad ante ataques nucleares. Tokio es plenamente conciente de ello y en marzo de este año el primer ministro Abe, convocó el Consejo de Seguridad Nacional y expresó que el nivel de amenaza es elevado. Los lanzamientos de misiles tácticos y estratégicos ponen en evidencia que no son simples pruebas, sino ejercicios militares concretos, para dar respuesta a un ataque de Estados Unidos. Sin ninguna duda los ejercicios tienen como objetivo ensayar un ataque de saturación contra bases militares de Estados Unidos en Japón y contrarrestar el escudo antimisil montado por las fuerzas de Japón y Estados Unidos. Otro aspecto que preocupa a los responsable de la defensa en Japón, es la posible capacidad norcoreana de lanzar misiles balísticos desde plataformas submarinas. Esto no ha sido difundido por medios de comunicación masivo, pero si en publicaciones especializadas como la prestigiosa  Naval Forces.  Pero la relación entre Estados Unido y Japón, bajo la política “America First” del presidente Trump, genera un distanciamiento en el plano económico y sin ninguna duda político.  A ello se une torpezas en las negociaciones en grandes contrataciones de armamento, donde pereciera que los llamados “precios políticos” de ciertos sistemas avanzados, el presidente Trump ha decidido reemplazarlos por “precios realistas” en el marco de una política basada en el unilateralismo, lo que ha generado más de una crítica de sus aliados. Esta situación sin ninguna duda ayudará al primer ministro japonés Shinzo Abe, que se juega un nuevo mandato, a reforzar la idea de fortalecer las fuerzas armadas japonesas, reducir la dependencia de Estados Unidos y contar con una estrategia de defensa con mayor nivel de autonomía, donde la amenaza de Corea del norte es eje central de la agenda, junto a la contención de China, país con el cual tienen diferendos territoriales en áreas de valor estratégico por su potencial en materia de gas y petróleo marino.

La situación fue aún mas tensa con la realización de ejercicios bilaterales entre Fuerzas de Estados Unidos con Corea del Sur y Japón. En el marco de las amenazas concretas norcoreanas, trascendieron pormenores de los planes militares sobre el norte, donde se destaca el concepto de “golpe estratégico” orientado a suprimir el liderazgo político del norte, destruir la capacidad de comando y control de las fuerzas norcoreanas, acción psicológica y destrucción del sistema de comunicaciones, provocando una verdadera parálisis del régimen. Este plan fue objeto de críticas, dado que el régimen de Corea del Norte pone especial atención a la seguridad del liderazgo del régimen y ha montado sobre ello un impresionante aparato de seguridad, además de un sistema de estratificación y control social, que plantea serios desafíos para desarticular un régimen de connotaciones siniestras.

El régimen de Kim, que impone a la sociedad un sistema de castas, sobre el cual según los antepasados de los ciudadanos están en una categoría social, quienes tuvieron en su árbol genealógico budistas, cristianos, empresarios o funcionarios ligados a la administración japonesa (1910-1945) forma parte de los indeseables y recluidos en zonas periféricas, ni siquiera tienen acceso a la educación superior. Luego viene un sector de sospechosos, sometidos a un estricto control, y luego los privilegiados, descendientes de combatientes de la guerra de Corea, de la resistencia antijaponesa, etc. Ocupan lugares destacados y tienen derecho a vivir en la capital. Estamos ante un régimen que viola sistemáticamente los derechos humanos, donde decenas de miles de personas viven en campos de trabajos forzados, incluyendo familias enteras. La poca información proviene de fugitivos, ya que el régimen se niega a informar sobre la situación de derechos humanos. Sin ninguna duda tiene mucho que ocultar.  

El programa nuclear reviste particular importancia, ha sido una herramienta de presión para conseguir dinero fresco algún tipo de apertura, que da oxígeno a una economía endeble por el estatismo, las falencias de planificación y un gasto militar del 25% de PIB, y por ende garantiza la supervivencia del clan familiar Kim en el poder y sus aliados cercanos. Es por ello que cualquier amenaza que pueda cambiar el régimen es de vital importancia contar con herramientas para contrarrestarlo. El arma nuclear es lo ideal.  A ello se une el interés de China y Rusia de mantener escenarios de crisis para desgastar a su oponente, los Estados Unidos.

La continuidad de los ensayos nucleares, la certeza de servicios occidentales que Corea del Norte opera submarinos con capacidad de lanzar misiles de crucero, unido a la intransigencia del régimen con un discurso cada vez más beligerante, pone en evidencia que Kim – a nuestro entender – precisa para mantenerse en el poder, de un conflicto externo. La crisis le permite deshacerse o por lo menos justificar acciones para ello, de opositores a su liderazgo. Muestras de ello han sido el asesinato de su hermano mayor en el aeropuerto de Kuala Lumpur y el fusilamiento de su tío, considerado el número dos del régimen. Estos personajes cercanos a China, eran una amenaza para el liderazgo de Kim, cualquier sesgo de apertura está fuera de discusión. El “Cerdito” como los definen los chinos en redes sociales, busca por todos los medios mantener el monopolio del poder en sus manos. Una mínima apertura aunque sea económica, no es admitida, los pocos avances es bajo la estricta mirada del Supremo Líder. Esta en juego el régimen y su permanencia.  En una nota del diario El País de España dice en contraste con la tímida prosperidad de la capital, “No es oro todo lo que reluce. Los residentes extranjeros en Pyongyang hablan de un aumento de los cortes de luz este invierno. El suministro de gasolina, afirman, también parece más dificultoso este año. Y, por supuesto, esta capital de tres millones de habitantes es solo una burbuja en un país de casi 25 millones. Fuera de esta ciudad, afirman quienes han podido desplazarse, el panorama es muy diferente. En el campo “las condiciones son terribles, africanas”, comenta alguno. Según la ONU, cerca de 18 millones de personas se encuentran en situación precaria.

La realidad es compleja por los actores involcrados. China busca controlar a su aliado norcoreano, que pareciera que aprovechando su poder nuclear, aspira tener una agenda propia, lo que llevó a Pekín adoptar sanciones en materia de importación de carbón (vital para Corea del Norte) no por apegarse a la legalidad del Consejo de Seguridad de la ONU y sus resoluciones, sino por tener el mayor nivel de influencia en la crisis frente a su adversario, Estados Unidos. Corea del Sur pareciera que es favorable a la política de contención, especialmente por el poder nuclear del norte; Japón, ante la nueva política de Trump está buscando romper tabúes internos y alcanzar un mayor grado de autosuficiencia en materia de defensa, y en este complejo juego aparece Rusia, que apuesta a incrementar su influencia, por los mismos motivos que China con Estados Unidos. El impresentable régimen de Kim, es un freno al expansionismo de Washington en el Pacífico.

El presidente Trump con su visión de America First (Primero América o Estados Unidos) deja de lado foros multilaterales como las Naciones Unidas, espacio ideal en este complejo panorama para buscar una salida a la crisis y moderar al régimen de Corea del Norte. Mantiene tensiones con China, que la lleva irremediablemente a respaldar las aventuras belicistas de Kim Jong un. Las tensiones con sus aliados, debilitan las estructuras de defensa multinacionales y los acuerdos de defensa, empujando a sus socios a buscar soluciones en la materia en solitario, con riesgos de escalada en materia de armamento. La limitada legalidad internacional, cede a una realidad que se asemeja a la de los fines del siglo XIX y principios del siglo XX, caracterizado por la “diplomacia de las cañoneras”, en otras palabras, observamos mayor ilegalidad, una creciente competencia de Estados que muchas veces se manifesta con intervenciones armadas directas o indirectas, todo en desmedro del sistema de Naciones Unidas. El discurso de Trump contra Corea del Norte, es evidencia de ello. Aquí en la región, le hemos oído de amenazas directas a Venezuela por su crisis política. En ningún momento apeló a Organismos Internacionales o foro multilateral para buscar una salida en el marco de la legalidad, sino habló de acciones directas y concretas, al mejor estilo “Gran Garrote” del presidente Theodore Roosvelt a fines del siglo XIX. 

En el marco de este conflicto, los actores involucrados tienen mucho que perder, y eso frena que la escalada derive en situaciones inimaginables y tal vez sea la principal razón que esta crisis no termine en una verdadera catástrofe. Pero no cabe duda, que estamos ante una nueva realidad internacional, donde pareciera que la más cruda realpolitik, se hace presente.

 

 


[1]Nota del Autor: El cargo de Presidente fue abolido hace años, durante el liderazgo del padre del actual dictador (Kim Jong Il), según la Constitución de la República Democrática y Popular de Corea (nombre oficial de Corea del Norte), el Presidente Eterno, es Kim Il sung, creador de la república y forjador del partido de los Trabajadores (partido comunista versión norcoreana). Kim Jong un es el presidente del Consejo de Defensa Nacional (comando en jefe de las fuerzas armadas) y secretario general del Partido de los Trabajadores de Corea, el jefe de Estado se lo llama “Supremo Líder” aunque no existe formalmente en los hechos es así y ejecuta sus políticas a través de un Consejo de Ministros y Primer Ministro. 

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Argentino. Escritor. Abogado y Magister en Defensa. Columnista invitado del programa radial Seguridad Global y corresponsal del medio chileno El Minuto.

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